Homenaje a Ernesto Capuano de Julio Enrique Gómez Taracena
Texto leído en el Homenaje a Ernesto Capuano en la Universidad
Autonóma de la Ciudad de México
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Miércoles 18 de Noviembre de 2008
Ernesto Capuano
Compañero
Los miembros de la migración guatemalteca blanden sus banderas y
las colocan solemne y fraternalmente junto a la tuya.
Tus amig@s compañer@s y tus camaradas, nos hemos dado cita en
este recinto, gracias al apoyo fraterno y solidario, que incontables
veces ha mostrado el pueblo Mexicano con las migraciones políticas de
América Latina, a través de sus admirables conquistas e instituciones
públicas, para el desarrollo de la Educación y la Cultura de
generaciones recientes y futuras que egresan de la Universidad
Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y de su Programa de Derechos
Humanos.
Ernesto. Qué homenaje mejor, sino el esfuerzo unitario que
reunió a infinidad de guatemaltecos y de otras nacionalidades
de varios países y localidades en esta especial ocasión.
Acaso no lo fue, sino tu firme formación humanista y
Revolucionaria que trascendió fronteras sin proponértelo; hoy la
diáspora migratoria de guatemaltecos en el territorio latinoamericano,
Estados Unidos, Canadá, Europa, y otros países, te saludan y están
presentes.
Y en tu nombre y el del núcleo de apoyo que se integró en México
para realizar un sin número de actividades y tareas. Agradecemos la
expresión solidaria y fraternal, de quienes hoy se encuentran entre
nosotros, y que apoyaron incondicionalmente el propósito superior para
realizar este evento, y otros propósitos.
Como se agradecen, la infinidad de adhesiones de los
connacionales y otras nacionalidades para que la Universidad Pública y
Autónoma de San Carlos de Guatemala, en su momento, procediera ha
otorgar un Doctorado Honoris Causa; a la altura de la obra y vida de
un guatemalteco ejemplar que dedicó, espacio, tribuna, talento y
energía, a apoyar a connacionales y de otras nacionalidades, sin
distinción de raza, credo, género y condición social, victimas de la
opresión, la explotación, la pobreza, la intolerancia y la criminal
represión.
Siete meses antes, en la intimidad de tu departamento y con 93
años de vida plena, preparabas tu partida….
Comentabas: entre otras, el gusto que sentías por la compañía,
el aroma y la belleza de las mujeres. Que hasta cumplidos los 90 años,
lograste por tu propio pié, subir y bajar los 98 escalones que separan
la puerta del departamento de la planta baja, que tu presión arterial
siempre se mantuvo como la de un quinceañero ll5 sobre 75, y que
durante todo ese tiempo nunca habías dejado día sin rasurarte, de
ordenar tus cosas, ponerte la ropa, hacer nudo a la corbata, ponerte
la camisa y darle el brillo a tus zapatos, como tampoco, diariamente
leer la prensa, escuchar la radio y dirigirte al Partido Popular
Socialista (PPS) a recoger la síntesis informativa.
Agregabas. Si bien, “El avance del proceso y
la resolución de las contradicciones, en el plano nacional e
internacional avanzan extraordinariamente rápido, las condiciones para
el cambio real y verdadero, aún no maduran lo suficiente,
como para que yo pueda alcanzar a verlo”
Antes, en el año de 1989 te escuche decir ante la
perplejidad de algunos, y el franco desaliento de otros, con motivo
del derrumbe del muro de Berlín "A partir de este momento, la
humanidad ingreso a un viraje sin retorno, por la senda de la
democracia que nos llevará inexorablemente al socialismo "y concluías
entusiasmado, ahora ¡Más... y Más Socialismo!
Me hubiera gustado hoy, seguramente a la mayoría de nosotros,
retomar el tema, discutirlo y escuchar tu opiniones, siempre mesuradas
y objetivas, en lo económico, lo político y lo social. Cuando hace
apenas, unas cuantas semanas, y a pocos meses de tu partida Joseph E.
Stiglitz, premio Nóbel de economía (2001) y Exdirector del Banco
Mundial, declaró ante los medios de prensa que “la crisis financiera
mundial, representa para el mercado, lo que representó la caída del
muro de Berlín, en Europa del Este”.
¡Neto…el mercado globalizado, resulto estrecho para dar cabida
al inexorable desarrollo de las fuerzas productivas ¡
Tan solo ese acontecimiento, de haber sucedido 7 meses antes; te
hubiera llenado de nuevos bríos y fuerza para continuar luchando.
Capuano, fuiste siempre hombre de inconmutables principios y
convicciones, comprometido, honesto y de inquebrantable fe.
Quienes te tratamos y conocimos, mantendremos viva tu calida
compañía y sonrisa, como tu saludo afable y distinguido, a veces,
hasta familiar.
Te conocí a temprana edad. En aquel entonces (1954), los
infantes de la embajada de México en Guatemala, identificamos entre
nuestros mayores, y la imagen del Coronel Jacobo Árbenz Guzmán, a los
Hombres de la Revolución 1944-1954.
Así, en tu memoria, y en homenaje de aquellos inclaudicables e
insobornables íconos de aquella revolución. En esta singular ocasión,
evoco las líneas que a once días antes de su partida, de su puño y
letra, escribiera, como en vida solías nombrarlo y recordarlo “Mi gran
amigo y camarada Julio Raúl Gómez Padilla”.
A la meta no llego
pero contento muero,
lucha mi pueblo,
el obrero que conoce el futuro
el campesino con la esperanza en el surco
el estudiante que enciende la estrella…
La muerte sólo tiene sentido
para el hombre solitario,
los pueblos no mueren
porque siempre como la luz
llevan en su claro seno
colores nuevos:
son ahora mismo el mañana.
El presente tenebroso
es la agonía de los tiranos.
Los pueblos son flecha lanzada por la historia
más allá de las miserias
del imperialismo.
Siempre cuando caen resucitan
y a la nueva aurora apuntan.
A la meta no llego,
pero contento muero,
Guatemala lucha,
agonizan sus verdugos.
México, DF., 21 de Noviembre de 1981
Estimado Capuano: hay un punto en la vida, en el que
te das cuenta: quién importa, quién nunca importó, quién no importa
más, y quiénes siempre importarán. Y ¡Tú, siempre importarás ¡
Por Guatemala, la Revolución y El Socialismo
Muchas Gracias.
Julio Enrique Gómez Taracena
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