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Ernesto Capuano del Vechio: Semblanza
Esta semblanza se elaboró con base en la que escribió Carlos Figueroa
Ibarra el 20 de noviembre de 2006.
Fue enriquecida con otros aportes y las precisiones hechas por el
propio Ernesto Capuano.
La redacción final corrió por cuenta y riesgo de Julio Gómez y
Gilberto Castañeda.
Ernesto Capuano del Vechio, Neto como lo llamamos cariñosamente sus
amigos, cumplió 92 años el pasado 20 de noviembre. Tiene algunos
achaques, pero, goza de buena salud, a excepción de su vista que nunca
ha sido buena, no obstante y como muestra de la férrea voluntad que
siempre ha tenido, estudió aeronáutica y fue aviador. Ahora sufre las
consecuencias de una caída que le ha restado movilidad, pero, anda con
sus propios pasos y sobre todo, mantiene la lucidez y la voluntad
inquebrantable de siempre, así como una buena salud, come bien y con
buen apetito. Así, sigue pensando en dar su mejor esfuerzo para
contribuir a la construcción de una Guatemala mejor y mantiene la
convicción de que otro mundo es posible.
Contra la dictadura ubiquista
Ernesto Capuano nació el 20 de noviembre de 1914, en la ciudad de
Quetzaltenango, en el seno de una familia acomodada dedicada a la
industria textil. Cursó estudios primarios en aquella ciudad, en donde
fue compañero de escuela del después coronel Jacobo Arbenz Guzmán,
quién sería miembro de la Junta Revolucionaria y el segundo presidente
del régimen democrático surgido a partir de la Revolución del 20 de
Octubre de 1944.
Siendo apenas un adolescente empezó a vincularse con las ideas
socialistas, a los 14 años ya era lector atento de El Capital y
mantenía relación con Jacobo Sánchez y Humberto Molina, intelectuales
de ideas marxistas. También se relacionó con los organizadores del
Partido Comunista de Centroamérica, sección Guatemala (después Partido
Comunista de Guatemala), el primero de su tipo que funcionó en el
país. En el seno de aquella organización, Neto fue cercano a las filas
de una incipiente juventud comunista.
Como es sabido, aquel partico tuvo una vida de aproximadamente 10
años, que concluyeron con las redadas y fusilamientos de 1932, que
organizó el dictador Jorge Ubico. Entonces fueron fusilados Juan Pablo
Wainright y posteriormente Bernardo Gaitán, así como encarcelados
durante más de 12 años Antonio Obando Sánchez, Juan Luis Chihuichón,
Luis Villagrán y otros más. Para aquel entonces Ernesto Capuano se
encontraba terminando el bachillerato y poco tiempo después ingresaría
a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos.
En 1938, Neto viajó a la Ciudad de México para participar en el
Congreso Mundial Antifascista que aquí se llevó a cabo. Ya no pudo
regresar a Guatemala, pues el dictador le negó el permiso de regreso a
la patria. Desde aquel momento, Neto estableció una relación amistosa
que duraría toda la vida con el dirigente sindical y socialista
Vicente Lombardo Toledano, fundador del Partido Popular, después
llamado Partido Popular Socialista (PPS).
La dirección del ahora extinto PPS, siempre le tuvo gran estimación y
respeto a su valía intelectual y moral. Le tocó vivir la expropiación
petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas del Río el 18 de
marzo de 1938, y la profundización de la reforma agraria, uno de los
pilares de la revolución mexicana. Reinició sus estudios de derecho en
la UNAM, lo que le permitió ganarse la vida como litigante y poder
dedicarse a la empresa de toda su vida, apoyar y participar en el
cambio social.
En la patria nuevamente
Cuando el dictador Ubico fue derrocado en 1944, al igual que otros
exiliados como Luis Cardoza y Aragón, Alfonso Solórzano, Miguel García
Granados y Clemente Marroquín Rojas, Ernesto Capuano regresó a
Guatemala y se integró en una efímera organización socialista:
Vanguardia Nacional. A fines de los años cuarenta, regresó a México
para poder obtener en la UNAM su título de abogado. En esa oportunidad
conoció a la que después sería su esposa, Carmen García Zepeda,
originaria de Coahuila y conocida por sus amigos como Carmelita, con
quién se casó en 1951 y lo acompañó a vivir a Guatemala.
Aquí, Neto fue militante del Partido de Acción Revolucionaria (PAR) y
después del Partido de la Revolución Guatemalteca (PRG) y contribuyó
al avance del proyecto revolucionario participando en diversas
iniciativas. Entre ellas, difundiendo los planteamientos de la
economía política, que son esenciales para interpretar la realidad
económico-social con base en el materialismo dialéctico y, sobre todo,
y contribuyó a la concepción de lo que después sería el Decreto 900:
Ley de la Reforma Agraria. Trabajó en el Departamento Agrario Nacional
que estuvo a cargo de la aplicación de la Ley y al momento de ser
derrocado Arbenz, trabajaba en el Banco Agrario, pieza clave para el
desarrollo de la producción y comercialización de los productos
cultivados en las tierras entregadas a los campesinos.
Luego de la intervención yanqui y el triunfo de la Contrarrevolución
en 1954, Neto se asiló junto con decenas de guatemaltecos en la
Embajada de México. Desde entonces ha vivido en este país, trabajando
como abogado para ganarse el sustento diario y, sobre todo,
participando de diversas maneras a favor de la izquierda y la
revolución en el Continente.
Exiliado defensor de exiliados
De nuevo en México comenzaría otra etapa en su vida de abogado y
revolucionario. Se convirtió en gestor solidario ante la Secretaría de
Gobernación de los asuntos de todos los exiliados guatemaltecos, y
posteriormente de los de todos los asilados o emigrados de
Centroamérica y de toda América Latina y el Caribe. Se calculan en
varios miles los casos que Neto resolvió ante dicha Secretaría y por
los cuales nunca cobró un solo centavo. Carmelita también fue
solidaria en gestiones hechas a favor de los asilados al tiempo que su
solvencia económica, empezando por su lugar de residencia en
Bucarelli, una de las avenidas importantes de la Ciudad de México, en
un hermoso departamento de acero y concreto construido allá por los
años de 1905, que le sirvió a Neto para desarrollar su inmensamente
meritoria labor altruista. A su muerte, en 1996, le pidió a su ahijada
doña Irma X que vivía hacía varios años con ellos, que siguiera en la
casa y apoyara a Neto conforme la edad le impidiera valerse por sí
mismo; a esa labor pesada y callada del día a día, doña Irma a
dedicado ya 10 años de su vida.
Desde muy pronto, la alta política mexicana ubicada en la Secretaría
de Gobernación, aquilató la generosidad de Ernesto Capuano y el
aprecio que la dirección del PPS tenía por su persona. Así, entonces,
el presidente Ruiz Cortines (19-19) ordenó a esa Secretaría que se le
diera toda la ayuda posible en sus gestiones a favor de los
desterrados, sentando las bases para su fructífera labor durante
varias décadas. De igual manera actuarían los sucesivos Secretarios de
Gobernación, entre ellos Fernando Gutiérrez Barrios, el mítico y
controvertido político y policía mexicano, conocido entre otras
razones porque encarcelaría a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara y
demás integrantes del Movimiento 26 de Julio, para luego apoyarlos en
su traslado a Tuxpan, Veracruz, donde se embarcaría en el “Granma”,
dando inicio a la lucha contra Batista, lo que le granjeó de por vida
la amistad con Fidel y la revolución cubana.
Para aquel momento, el segundo lustro de los años cincuenta, Capuano
había ingresado al Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), siendo su
tarea principal la ayuda solidaria realizada a favor de los exiliados
guatemaltecos y de cualquier exiliado de cualquier otro país. Su
convicción ideológica se integró, así, con su enorme condición humana
y lo marcó para siempre.
Con el nuevo ascenso del movimiento revolucionario en los años 80,
Neto y otros muchos guatemaltecos en México elevaron su participación
en la lucha y sus niveles de organización. En particular, Neto mantuvo
entonces y ha mantenido siempre una posición honesta y de respecto
irrestricto a su ideario revolucionario. Una de sus ideas centrales es
que la izquierda guatemalteca en particular y la oposición en general
deben unificarse y supeditar a ese objetivo cualquier postura,
sectarismo e interés personal o de grupo. Éste ha sido uno de sus
principales postulados de toda la vida pues está convencido, como lo
estamos muchos de nosotros, que esa unidad es esencial para el avance
de las fuerzas opositoras a las dictaduras que hemos sufrido a lo
largo de nuestra historia y de los regímenes antidemocráticos que
sacrifican el futuro del país y de su pueblo enarbolando la bandera
del neoliberalismo y la globalización que encabezan las empresas
transnacionales y es apoyada por los regímenes que las cobijan y
protegen, destacadamente, el gobierno de los Estados Unidos.
Capuano ha sido desde siempre un hombre íntegro y coherente con sus
principios e ideales revolucionarios. Por eso, no han sido pocas las
veces que el poder lo ha buscado para congraciarse con él y para lucir
tal acercamiento como un trofeo inestimable. En 2001, el gobierno de
Alfonso Portillo, a través de su embajada en México, le ofreció la
Orden del Quetzal, pero, Ernesto Capuano la rechazó por cuestión
esenciales de congruencia consigo mismo, pese a que incluía un
estipendio mensual nada despreciable para quién no tiene ingresos
fijos y se encuentra ya al final de su vida. Igual rechazó la
posibilidad de que como un reconocimiento a su enorme labor gratuita,
se le gestionara ante el Gobierno de Guatemala una pensión vitalicia.
En ambos casos expresó que pensando como pensaba, mal podría aceptar
la ayuda de un gobierno neoliberal poco o nada preocupado por el
futuro del pueblo de Guatemala. Así las cosas, Ernesto Capuano del
Vechio vive en México con una gran modestia y una gran dignidad, si
bien su mente y su corazón no han podido separarse nunca de su querida
Guatemala.
La serenidad del crepúsculo
El domingo 19 de noviembre de 2006, un pequeño grupo de amigos nos
reunimos con Neto para celebrar sus 92 años, que cumpliría al día
siguiente. Raúl Díaz, su compañera Rosa Nieves Nogueda, Gilberto
Castañeda, Carlos López, Otoniel García, Carlos Cáceres, Mario René
Matute y Carlos Figueroa nos dimos cita en aquel lugar. Otros muchos
no pudieron estar presente, pese a que lo visitan y se mantienen en
comunicación telefónica regularmente, entre ellos, Julio Gómez,
Rodolfo Córdoba, Manuel Ángel Castillo y Oscar Manolo Farfán.
Era un domingo frío y lluvioso. Después de la comida regresamos al
departamento vetusto y hermoso de Ernesto y Carmelita. En ese lugar
pareciera que el tiempo se hubiera detenido. Fotos, muebles y adornos
evocan los años pasados y su esplendor. Un piano que hace mucho tiempo
ha dejado de usarse forma parte del mobiliario de la sala. Encima de
él están las fotos de Neto y Carmelita en la medianía de sus vidas.
Cada uno de nosotros hace uso de la palabra y le expresa a Neto su
cariño, admiración y reconocimiento por su bondad, por su generosidad
sin limite. Sentado en un sillón, en medio de una tenue luz, Neto
acepta con humildad y gratitud nuestras palabras. “No puedo dejar de
observar un atisbo de sorpresa en su mirada. Ernesto Capuano del
Vechio es lo más cercano a un santo que yo he conocido en mi vida”,
diría días después Carlos Figueroa en la semblanza que nos envió para
rememorar aquella fecha que ahora es inolvidable.
Neto caminó en su vida haciendo todo lo que pudo por los demás, sin
esperar nunca nada a cambio. Acaso por ello no hay amargura alguna en
su corazón, pese a que las decenas de personas que antes lo buscaban
para un trámite o para que les resolviera un problema migratorio ya no
lo visitan o ya se regresaron a sus países con la vuelta a la apertura
electoral. En todo caso, son menos los que lo frecuentan, porque los
años le impiden ejercer el apostolado que durante medio siglo
ejerció.
Es una realidad dolorosa que Neto registra con su agudo sentido de la
realidad como un dato más de su ya larga vida: “Yo podría vivir
cómodamente si hubiese cobrado por mis servicios, por poco que fuera;
el departamento en que vivo es propio y mis gastos son pocos”, le dijo
un día de 2007 a Gilberto Castañeda cuando preparaban el viaje que hoy
lo tiene de nuevo en su tierra. Y agregó: “Ahora, son pocos los que me
visitan o que me hablan por teléfono”.
Así, el reconocimiento y la incomprensión se alternan a ratos. A
iniciativa del economista Eduardo Velásquez, en el Congreso de la
Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), celebrado en la
Antigua Guatemala en noviembre de 2001, se le rindió un homenaje que
Neto agradeció infinitamente y que guarda en su memoria como uno de
los tesoros más apreciados. En ese entonces, se llegó a pensar que
acaso la Universidad de San Carlos podría darle alguna ayuda, lo cual
no fue posible debido a los laberintos de los siempre inescrutables,
contradictorios y todo poderosos caminos burocráticos. Según nos
informó, no se pudo encontrar fundamento legal para ayudarlo, porque
¡Neto nunca fue empleado de dicha casa de estudios!
En el crepúsculo de sus días, Neto escucha en la radio las noticias,
pero, le cuesta ya leer, pese a que ha sido otra de las pasiones de
toda su vida. Sigue atento a lo que pasa en el mundo y sigue soñando
con la unidad de los sectores progresistas de Guatemala en torno a un
programa que defienda la soberanía nacional y el bienestar de las
mayorías. Quienes le queremos y apreciamos estamos seguros que la
bondad y las convicciones de Ernesto Capuano del Vechio estarán con él
hasta el último de sus días y que, pese a los fallos de la memoria y
del agradecimiento de alguno, hay otros muchos que le guardamos
gratitud y recordamos con cariño desde Guatemala, desde México y desde
los más diversos lugares del Continente donde haya alguien que recibió
su auxilio interesado y lo mantiene vivo en el recuerdo.
Por eso la idea del viaje a Guatemala que le propuso Gilberto
Castañeda y que fue secundada por muchos, cuyo número sigue creciendo.
La idea inicial era que Neto fuese al país a darse “un chapuzón de
patria” y a tomarle el pulso al momento político, marcado por el
proceso electoral en curso. Sin embargo, el viaje, surgido así de esta
manera espontánea, tiene ahora un alcance insospechado y de gran
aliento para Neto.
Consciente de las limitaciones que tiene Neto para desplazarse y de la
necesidad de contar con apoyos para que su estancia fuese lo más grata
posible, Gilberto se comunicó el 27 de febrero con varios amigos que
viven en Guatemala y México, de los cuales tenía correo electrónico,
pidiéndoles se sumaran a la iniciativa, la apoyaran e hicieran
sugerencias; eran unos siete en Guatemala y otros tantos en México. A
la fecha, el listado de correos electrónicos de quienes se han sumando
al proyecto supera ya las 51 personas. Al parecer, es un viaje que
promete ser muy estimulante para Neto y cumplir uno de sus objetivos
esenciales: Que viva una experiencia grata, ligada a sus amigos y
simpatizantes, en los últimos años de su vida. Gracias por ello a
todos…
Guatemala, 20 de Marzo de 2007
Actualizado en: Wed 27 Aug 2008, 0:49am
